/Los momentos más incómodos que puedes llegar a pasar en tu vida.

Los momentos más incómodos que puedes llegar a pasar en tu vida.

Porque todos hemos vivido algún momento incómodo, aquí te dejamos los 18 momentos más incómodos e inolvidables para que recuerdes todas esas veces que quisiste que te tragara la tierra.

1. Cuando Testigos de Jehová llegan a tu puerta y no paran de hablar.

2. Cuando te quieres ver intrépido y te caes.

3. Cuando eres el primero en llegar a la fiesta.

4. Cuando tu amigo “el artista” hace un show y tienes que fingir que es bueno.

5. Cuando nadie se ríe de tus bromas.

6. Cuando le coqueteas a una chica y de pronto llega su novio.

7. Cuando te equivocas de salón e intentas salir silenciosamente pero te pegas con una mesa.

8. Tú en el antro bailando e intentando ligarte a una chica.

9. Cuando quieres saludar a alguien y te deja con la mano extendida.

10. Cuando encima de ser el mal tercio la pareja empieza a pelear.

11. Cuando te tiras un pedo que se supone sería silencioso.

12. Cuando finges que te gusta ese horrendo regalo de cumpleaños de la abuela.

13. Cuando le prestas tu computadora a tu hermano y olvidas borrar el historial.

14. Cuando tu diálogo de seducción sencillamente no funciona.

15. Tu cara cuando tu jefe entra al baño después de ti porque lo dejaste muy apestoso.

16. Cuando vas a besar a tu novia y se quita.

17. Cuando a tu amigo le cuelga un moco de la nariz y no se ha dado cuenta.

Está claro que ya sabemos de qué se trata la vergüenza, una emoción que se apodera de nosotros y no nos permite ver lo que está pasando, más allá de notar el calor que brota por nuestra piel y se aloja en el rostro. Somos un tomate caminando, es lo primero que pensamos. “¡Qué vergüenza, me he caído en la calle!”, “¡Me da vergüenza hablar ante muchas personas!”, “¡No puedo imaginar la vergüenza que sentiría si mi falda se levantara por el viento!” Estas son sólo algunas reflexiones relacionadas a esta sensación.

Esto es algo conocido y del presente, pero tal vez sería bueno remontarnos a una etapa que no nos acordamos para entender por qué nos avergonzamos. Durante nuestro primer año de vida, las relaciones que tenemos con el mundo adulto son positivas, todo lo que hacemos es aplaudido por los padres, familiares o amigos y esto nos da la seguridad de que las cosas van de maravillas.

Sin embargo, cuando empezamos a ser más independientes y a valernos por nosotros mismos, queremos explorar el universo que nos rodea. Entre el año y los dos años de vida, la palabra más repetitiva de nuestros padres o seres queridos es “NO”. Ya sea porque queremos tomar algo, ir a un sitio peligroso, etc. Ellos nos quieren proteger y allí es donde surge la vergüenza. Así es, porque se muestra como una reacción visceral causada por el rechazo de la sociedad (en ese momento los padres son la sociedad que conocemos). Esto es algo doloroso y puede activar las mismas áreas del cerebro que se “despiertan” ante un golpe físico.

Ahora bien, la vergüenza es útil en pequeñas dosis, ya que nos permite que desarrollemos un sentido de responsabilidad por nuestro cuerpo y también hacia la sociedad. Podría decirse que estar avergonzados es algo que no deja de estar presente en ningún momento de nuestra vida desde el momento de la primera sensación. Nos sentimos culpables por lo que hacemos o decimos y en definitiva, por lo que somos.

La razón por la cuál la vergüenza es tan poderosa se debe al momento puntual en que comienza a gestarse, es decir, cuando aún somos unos pequeños, dependientes de los cuidados de los demás. Si perdemos la conexión con estas personas, nos quedaremos sin comida, sin refugio, etc. Esto quiere decir que es importante porque permite mantenernos con vida (por más de que esto parezca demasiado extremista o radical). Basándonos en el hecho de que el trabajo del cerebro es permitir la supervivencia y no aportarnos felicidad, se entiende a la vergüenza como una manera de sentirse culpables por no acatar las órdenes de los superiores.

Cuando salimos de ese estado de vergüenza, es decir que nuestra temperatura vuelve a la normalidad, quizás ya no sentimos taquicardias ni sudamos a mares, entonces, recuperamos el equilibrio, ya sea en la mente como en el sistema nervioso autónomo.

Para la psicología, la vergüenza es una transición entre afectos positivos y negativos, ocurre cuando en lugar de aprobación hallamos una reprimenda. Eso queda grabado en la memoria emocional y vuelve a aparecer cada vez que atravesamos una situación similar.

Si sentimos mucha vergüenza, será altamente tóxico para nuestra mente y corazón. ?uede que esas consecuencias hagan mella durante toda la vida. Los estados prolongados bajo los efectos de la vergüenza, debido a la personalidad de cada uno o a los episodios que hemos vivido, pueden provocar un desequilibrio en el sistema nervioso, lo que además causa una sensación de vulnerabilidad mayor para relacionarnos con los demás o hacer lo que deseamos.

Si bien ya no podemos volver el tiempo atrás a cuando éramos niños y eliminar la vergüenza de nuestra enseñanza, si tenemos la capacidad para analizar en qué momento sentimos que todos nos desaprueban o no están conformes con nuestras acciones. Quizás sólo sea algo que se encuentra en nuestra mente y es preciso eliminarlo.

¡Aprende a quitarte la vergüenza de a poco, haciendo cosas que hasta este momento no te atreverías y ríete de ello!

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